
Imagino que cuando Patxi López entró por la puerta de Ajuria Enea tendría muchas cosas en la cabeza. Imagino que el hombre entraría consciente de las responsabilidades que acababa de adquirir como primer lehendakari constitucionalista. Sin duda, la primera de sus preocupaciones sería el terrorismo, pues no en vano, en ese asunto, al contrario que para sus predecesores, se jugaba y se juega la vida, la suya y la de los suyos. Imagino también que la gravísima crisis económica le rondaría por la cabeza, una crisis que se va a llevar sin remedio al terriblemente incapaz Zapatero y, por consiguiente, amenaza también al propio Patxi López.
Sin embargo, ha pasado un año y el terrorismo no se presenta como elemento desestabilizador para López, pues no se da ninguna circunstancia importante que recomiende otra cosa que firmeza ante ETA y todo lo que se quiera considerar ETA. La crisis, por su parte, se presenta por ahora como algo ajeno al morador de Ajuria Enea, pues la ciudadanía viene a tener claro que este desastre económico, y el mayor que viene, es algo que ocurriría estuviera quien estuviera.
Imagino que cuando Patxi López entró en Ajuria Enea pensaría poco que el asunto más grave al que se iba a enfrentar en su legislatura pudiera ser el nuevo campo de San Mamés. Imagino que ni se le pasó por la cabeza que los acontecimientos se iban a desarrollar de tal manera que su reelección cayera en manos de los señores compromisarios del Athletic. Pues bien. Así ha sido.
Ayer los compromisarios del Athletic reivindicaron fuertemente que el uso del nuevo estadio es exclusivo del Athletic club de Bilbao, a lo que Macua, el presidente, no pudo replicar otra cosa que cualquier acuerdo que se tome para que no sea así, tal y como exige Patxi López, debe pasar por la aprobación de los señores compromisarios del Athletic club de Bilbao.
La consecuencia es una situación tan cómica como difícil para el lehendakari. Resulta que el éxito de su legislatura pasa a depender ahora de la gestión que pueda hacer en torno a un campo de fútbol. Si se emperra en lo del uso público, los compromisarios van a decir que no, lo que supone, de facto, tener en contra al agente social más importante de Bizkaia. Si cede, puede que la legislatura sea más tranquila, pero entonces Patxi López habrá fallado a los miles de votantes responsables que tuvo y que no comprenderían que se destinaran de semejante manera 54 millones a una empresa privada. Y si el asunto terminara ahí, vale, pero es que tal concesión traería consigo demandas redobladas de baloncestistas alaveses y futbolistas guipuzcoanos en plan “¿y lo mío, qué?”. Y a ver quién les dice que no.
Las cosas así, y como veo que Patxi López tiene dudas, tal vez agradezca que le dé un consejo: Patxi, ni un paso atrás. No des ese dinero a un campo de fútbol en Bilbao; ni se te ocurra dar un duro para ampliar la cancha del Baskonia.
Y, por supuesto, no des una peseta para la remodelación del estadio de Anoeta.
Ánimo, Patxi, retira, sin dilación, la aportación del Gobierno Vasco al nuevo campo de San Mamés. Estate seguro de que si así actúas, la ciudadanía vasca estará, en su mayoría y en las tres provincias, de acuerdo contigo. Además, podrás dormir con la tranquilidad de no haber regalado el dinero de tus conciudadanos a esa especie de "parásitos sociales" que son el Athletic, el Baskonia y la Real Sociedad de San Sebastián.





